Soy Community Manager y no me gustan las redes sociales
Puede sonar completamente contradictorio. Es como escuchar a un chef de alta cocina confesar que odia comer, o a un mecánico de Fórmula 1 admitir que le horrorizan los coches. Sin embargo, aquí estoy: soy community manager y no me gustan las redes sociales.
Si trabajas en marketing digital, gestionas canales para otros negocios o estás intentando construir tu marca personal, probablemente sientas una presión constante por estar «enamorado» de las plataformas, acumular seguidores y consumir contenido de manera adictiva (en este episodio hablo de la adicción a las redes sociales). Pero la realidad detrás de las pantallas es muy distinta.
En este artículo (que acompaña al episodio 20 de nuestro podcast Caisen Digital, el cual puedes escuchar completo aquí mismo), quiero explicarte mi visión exacta de todo esto. Vamos a analizar por qué las redes sociales no son la panacea, los peligros de crear contenido solo para los algoritmos y cómo utilizarlas como lo que realmente son: una herramienta de trabajo, no un estilo de vida.
Lo que no me gusta de las redes sociales: La trampa de la predictibilidad
Si algo me incomoda del panorama actual de las plataformas digitales es la profunda superficialidad que muchas veces las caracteriza. Instagram, TikTok o LinkedIn imponen de manera invisible unos códigos estéticos, unos recursos de edición y unos discursos muy específicos. Si te adaptas a ellos, tu contenido tiene probabilidades de funcionar; si los ignoras, el algoritmo te penaliza.
Aunque en el marketing digital no existen reglas exactas, esta tendencia es innegable. Y aquí surge el gran dilema para cualquier creador de contenido o gestor de comunidades: ¿Las redes sociales quieren que seas creativo o prefieren que seas predecible?
La realidad es que los algoritmos no buscan tu identidad ni tu personalidad; buscan retener al usuario el mayor tiempo posible. Y para lograrlo, te empujan a fabricar contenido que encaje en sus moldes predefinidos.
Salirse de ese camino significa, en la mayoría de los casos, asumir que tu contenido se quedará a mitad de camino en cuanto a alcance. Sí, es cierto que de vez en cuando lo «rompedor» triunfa y se vuelve viral, pero incluso en esos casos de éxito, casi siempre se terminan respetando los mismos recursos técnicos exigidos por la plataforma para que la máquina siga girando.
El precio de crecer a tu propio ritmo
Como profesional del marketing, sé perfectamente cómo jugar a este juego. Aplico las reglas con mis clientes —que en su mayoría son negocios locales— para encontrar un equilibrio sano: cumplo la función de marketing que el negocio necesita y, a la vez, utilizo los recursos que le gustan al algoritmo para garantizar un progreso constante en sus métricas.
Sin embargo, con este podcast (Caisen Digital) he tomado una decisión consciente: crecer más lento.
Sé que las cosas de las que hablo aquí tienen un valor real para quienes me escuchan, pero me niego a utilizar ganchos hiperagresivos, portadas estridentes o recursos de edición histriónicos. No va conmigo, no va con mi personalidad y no me representa como profesional. Prefiero pagar el precio de un crecimiento pausado antes que desdibujar mi identidad por un puñado de visualizaciones.
El mito de la masa frente al valor real: La lección de la guitarra
Para entender esto mejor, déjame contarte una experiencia personal. Hace unos años, a modo de experimento, empecé a subir contenido didáctico a las redes sociales enfocado en enseñar a tocar la guitarra.
Mis primeros vídeos eran puramente técnicos: ejercicios de digitación, teoría y rutinas de práctica. Como era de esperar, unos funcionaban mejor y otros peor. Un día, decidí hacer algo diferente y subí un vídeo corto enseñando los acordes de la introducción de «La Flaca», de Jarabe de Palo. El vídeo no se hizo viral en el sentido estricto, pero despuntó muchísimo en comparación con todo lo anterior.
Es una evolución lógica. Un ejercicio técnico de guitarra nunca será tan atractivo para el gran público como una canción icónica que todo el mundo reconoce y puede tararear. Pero aquí viene la pregunta del millón que todo negocio y freelance debería hacerse:
- ¿Prefieres llegar a 100.000 personas enseñando un truco superficial como la intro de La Flaca?
- ¿O prefieres impactar a 100 personas reales a las que de verdad vas a ayudar a mejorar su técnica con la guitarra a largo plazo?
Como community manager, tu obligación es dominar las reglas del juego en ambos caminos. Una vez que las conoces, eres tú (o la marca para la que trabajas) quien debe decidir qué peaje quiere pagar y a qué tipo de audiencia quiere atraer.
Si no me gustan las redes sociales… ¿Por qué me dedico a esto?
Llegados a este punto, la pregunta es obligatoria: Manu, si tanto te incomodan, ¿por qué te ganas la vida gestionando redes sociales?
La respuesta es muy sencilla, aunque a menudo se olvida en nuestra industria: Yo no me dedico a las redes sociales; yo me dedico al marketing y a la comunicación.
Estudié Publicidad y Relaciones Públicas. Mi profesión consiste en lograr que una marca conecte de forma genuina con su público, que se genere una conversación bidireccional, que mejore su reputación corporativa y que aumente su visibilidad en el mercado. Para lograr esos objetivos, hoy en día utilizamos las redes sociales porque son la ventana masiva que tenemos disponible. Nada más.
Las plataformas actuales son herramientas volátiles. Mañana mismo podrían desaparecer o pasar de moda —como ya ocurrió con tantas otras en el pasado— y el mercado desarrollará canales nuevos. El verdadero profesional del marketing no se hunde cuando cambia el algoritmo, porque su conocimiento reside en la estrategia, no en el botón de publicar de una aplicación.
La cara positiva: Las redes sociales como el «libro moderno»
A pesar de mis críticas, sería injusto negar el enorme valor positivo que tienen estas plataformas cuando se utilizan de forma madura. Para los lectores empedernidos esto que voy a decir puede sonar a barbarie, pero considero que las redes sociales son, en gran medida, la versión actual del libro.
Evidentemente, un libro cuenta con una elaboración profunda, un orden riguroso y una edición estricta. Pero si analizamos el fenómeno con perspectiva social, las redes son el formato de consumo de información en masa de nuestra era. Y eso tiene un impacto democratizador inmenso.
Gracias a internet y a las redes, la sociedad actual tiene la mente mucho más abierta y está considerablemente más informada que hace 50 años. Piénsalo por un momento:
- Acceso global: Un electricista desde la otra punta del mundo te enseña en un vídeo de 60 segundos cómo solucionar un problema en tu cuadro eléctrico.
- Divulgación accesible: Profesionales de la psicología comparten herramientas para gestionar la ansiedad, abriendo el camino para que la gente normalice ir a terapia. Científicos e historiadores resumen teorías complejas simplemente para enriquecer nuestro día a día.
- Contraste de opiniones: Hace medio siglo, tu visión del mundo estaba limitada a lo que se hablaba en tu casa, lo que te contaba tu profesor en la escuela o lo que emitían los poquísimos canales de televisión y radio de la época. Hoy, ante cualquier noticia, puedes revisar decenas de perspectivas distintas en tiempo real y construir tu propio criterio.
La cruz de esta moneda, por supuesto, es que al multiplicarse las fuentes también se dispara la desinformación. Los titulares sensacionalistas, las fake news y los vendehumos abundan porque la polémica genera clics, y los clics generan dinero. Sí, lo reconozco: el título de este mismo episodio es un gancho controlado. Pero a diferencia de los vendehumos, lo que te cuento dentro de él es mi verdad absoluta.
No construyas tu negocio en suelo alquilado: La metáfora de la feria
Para cerrar, quiero dejarte con una recomendación estratégica vital si gestionas tus propios canales o los de tus clientes: las redes sociales son un terreno alquilado y sumamente volátil.
Nunca cometas el error de centrar la totalidad de tu negocio en una red social. Son canales excelentes para hacer inbound marketing (atraer la atención de un público objetivo), pero tu meta final siempre debe ser trasladar a esa audiencia a tu propia «casa»: tu página web, tu tienda online o tu lista de correo (newsletter). Eso es lo único que controlas al 100%.
Si tienes 100.000 seguidores en una plataforma y esta decide cerrar mañana, o suspende tu cuenta por un error de su sistema, habrás perdido toda tu infraestructura comercial de la noche a la mañana. Además, por el propio funcionamiento de los algoritmos, esos 100K seguidores no garantizan nada; tu contenido solo le aparece a una pequeña fracción que interactúa contigo habitualmente.
Tener presencia en redes sociales es como poner un estand en una feria sectorial. Te da una visibilidad brutal y te permite descubrir clientes nuevos. Pero cuando la feria termina, el estand se desmonta. Asegúrate de decirle a los visitantes dónde está tu tienda física o tu web oficial para que puedan encontrarte el resto del año.
Las redes sociales tienen exactamente la importancia que merecen dentro de la estrategia digital de una empresa: ni más ni menos. Son una herramienta fantástica, pero no son la panacea mágica para todos los males de un negocio. Su peso dependerá siempre de la naturaleza de cada proyecto. Mientras que para un músico independiente o un escritor son el pilar de su marca personal, para la ferretería de tu barrio bastará con una ficha de Google bien optimizada y una presencia digital mínima pero profesional.
¿Cuál es tu postura?
Me encantaría conocer tu experiencia en los comentarios. ¿Sientes también este desgaste o eres de los que disfruta pasando horas dentro de las aplicaciones? ¿Cómo gestionas el equilibrio entre crear contenido para el algoritmo y mantener tu esencia?
Déjame tu reflexión en la sección de comentarios abajo o, si lo prefieres, escríbeme directamente a mi correo electrónico: info@manuelrodrigo.com.
¡Gracias por acompañarme en este episodio 20 de Caisen Digital! Nos vemos en el próximo artículo. ¡Adiós!